no te imaginas cuanto te hare daño
y me casare con tus bacterias del cuerpo
y me reproducire lamiendo tus organos
lamllllllllaaaaaaaaammmmmmmmmmmmmmmmmmm
estoi lamiendo
(siento cosquillas infimas?¿¡'')
son millones de lenguitas
hasta que llegen a un punto
despues, de ahi, me deformo
y me sale una mano con dedos largos
y sin ojos te busco
tocandote nada mas
(muerete maldito virus!!!)
OANOENAONEOAENAEONAEONAEOAENAEONAEO
me mori
dslkjflksdjflksjdfsd
siiiiiiiiiiiiiiii
sábado, diciembre 13
viernes, diciembre 12
jueves, diciembre 4
PRIMERA VELADA
Desnuda, casi desnuda;
y los árboles cotillas
a la ventana arrimaban,
pícaros, su fronda pícara.
Asentada en mi sillón,
desnuda, juntó las manos.
Y en el suelo, trepidaban,
de gusto, sus pies, tan parvos.
–Vi cómo, color de cera,
un rayo con luz de fronda
revolaba por su risa
y su pecho –en la flor, mosca ,
–Besé sus finos tobillos.
Y estalló en risa, tan suave,
risa hermosa de cristal.
desgranada en claros trinos...
Bajo el camisón, sus pies
–¡Basta, basta!» –se escondieron.
–¡La risa, falso castigo
del primer atrevimiento!
Trémulos, pobres, sus ojos
mis labios besaron, suaves:
–Echó, cursi, su cabeza
hacia atrás: «Mejor, si cabe...!
Caballero, dos palabras...»»
–Se tragó lo que faltaba
con un beso que le hizo
reírse... ¡qué a gusto estaba!
–Desnuda, casi desnuda;
y los árboles cotillas
a la ventana asomaban,
pícaros, su fronda pícara.
Desnuda, casi desnuda;
y los árboles cotillas
a la ventana arrimaban,
pícaros, su fronda pícara.
Asentada en mi sillón,
desnuda, juntó las manos.
Y en el suelo, trepidaban,
de gusto, sus pies, tan parvos.
–Vi cómo, color de cera,
un rayo con luz de fronda
revolaba por su risa
y su pecho –en la flor, mosca ,
–Besé sus finos tobillos.
Y estalló en risa, tan suave,
risa hermosa de cristal.
desgranada en claros trinos...
Bajo el camisón, sus pies
–¡Basta, basta!» –se escondieron.
–¡La risa, falso castigo
del primer atrevimiento!
Trémulos, pobres, sus ojos
mis labios besaron, suaves:
–Echó, cursi, su cabeza
hacia atrás: «Mejor, si cabe...!
Caballero, dos palabras...»»
–Se tragó lo que faltaba
con un beso que le hizo
reírse... ¡qué a gusto estaba!
–Desnuda, casi desnuda;
y los árboles cotillas
a la ventana asomaban,
pícaros, su fronda pícara.
jueves, noviembre 27
domingo, noviembre 23
banda sonora: http://www.youtube.com/watch?v=GKkeDqJBlK8
El cielo
ínfimo
sabio.
Me recuerda lo que no necesito recordar.
Las nubes, expelen lo gris de tu ser que no quieres mostrar.
Mi cráneo se a b r e
Bocanadas de colores salen sin miedo alguno a atraparte
Y tu tiemblas ...
Es que no quieres que mi cuerpo y mente penetren en tu mundo
gris, sucio, incierto.
Ni menos que el tuyo, rapte el mío
Eres una pintura fresca, y yo una infanta curiosa.
No te detengo, y es que ya no te mueves.
(-5 centímetros de distancia)
Y luego bajo mi cuello sentiré un rasguño...
un beso muy pequeño como una araña suave
correrá por mi cuello, mi pecho, mi costado, mi espalda...
Debajo de mi cuello, un pequeño rasguño -recitas sin pudor-
La vena llora...
tus manos se destiñen frente al terror de todos en el vagón
Los gritos de espanto como una pavana para una princesa que muere
empuja al tren a seguir cada nota de tu pentragrama
Inclinas tu cabeza hacia el piso
Mis ojos blancos, llorosos, siguen tus movimientos
Me susurrarás: «¡búscala!» mientras todos desfallecen
Inclinas tu cuerpo, tu cara empalidece y busca la calma
-y tardaremos mucho en hallar esa araña,
por demás indiscreta-
Y el tren azul, no para.
El cielo
ínfimo
sabio.
Me recuerda lo que no necesito recordar.
Las nubes, expelen lo gris de tu ser que no quieres mostrar.
Mi cráneo se a b r e
Bocanadas de colores salen sin miedo alguno a atraparte
Y tu tiemblas ...
Es que no quieres que mi cuerpo y mente penetren en tu mundo
gris, sucio, incierto.
Ni menos que el tuyo, rapte el mío
Eres una pintura fresca, y yo una infanta curiosa.
No te detengo, y es que ya no te mueves.
(-5 centímetros de distancia)
Y luego bajo mi cuello sentiré un rasguño...
un beso muy pequeño como una araña suave
correrá por mi cuello, mi pecho, mi costado, mi espalda...
Debajo de mi cuello, un pequeño rasguño -recitas sin pudor-
La vena llora...
tus manos se destiñen frente al terror de todos en el vagón
Los gritos de espanto como una pavana para una princesa que muere
empuja al tren a seguir cada nota de tu pentragrama
Inclinas tu cabeza hacia el piso
Mis ojos blancos, llorosos, siguen tus movimientos
Me susurrarás: «¡búscala!» mientras todos desfallecen
Inclinas tu cuerpo, tu cara empalidece y busca la calma
-y tardaremos mucho en hallar esa araña,
por demás indiscreta-
Y el tren azul, no para.
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