jueves, diciembre 10

En mayo de 1946 se interrumpe el confinamiento de Antonin Artaud en el psiquiátrico de Rodez, pero sólo le quedan dos años de vida que serán especialmente fecundos, en los que escribirá “Van Gogh, el suicidado por la sociedad”
Se proclama que el alienado es el que no quiere salir de su insanía. La mente de los artistas está siempre en entredicho, tachados de extravagantes, bohemios, borrachos, drogadictos homosexuales. (los artistas todos incluidos pintores, escritores, poetas, bailarines y uno que otro cientista social). Se dice que los artistas conviven en el continuo estado de estupro social, haciendo gemir a las almas bondadosas que tratan, en vano, de mantener o conservar estructuras que han conservado su estructura funcional en el lapso de un tiempo, convirtiendo al tiempo en sólo un continuo de la orden y la pereza por pensar más.
La voz del artista es delirante (dicen) denuncia y acosa, está llena de caos, anarquía, extravío y descalabro (según el propio Artaud). ¿En que momento este continuo de disparates se torna artístico?. En el momento en que los Spaguettis con salsa de tomate son devorados y vomitados sobre la nívea superficie de un lienzo por una mujer de 180 Kg. como una forma de protesta contra la anorexia, o es el momento de quedarse paralizado ante la belleza de cipreses incendiados por el misterio de un fuego negruzco en un horizonte implacable y sediento de tragedias. No sé.
Sólo me gusta leer y mirar.
Según Artaud “Es así como una sociedad estropeada inventó la psiquiatría para protegerse de las indagaciones de algunos iluminados superiores cuyas facultades de profecía les resultaban molestas”.
Las señoras bien rehuyen de la presencia de esos borrachos en el minibús, las señoras mal, los soportan con la sonrisa en subterfugio que intenta remedar la reacción que se tiene con el marido que es tan buen tipo cuando se toma mil tragos demás (mientras uno duerme sólo molestan las sonoridades).
La pintura de Van Gogh no se opone a cierto conformismo de las costumbres sino al de las mismas instituciones. (el matrimonio es una institución) y confirma la idea de que la lucidez en acción de Van Gogh, y de otros muchos artistas de diversas ramas, deja a la psiquiatría reducida a un “tugurio de gorilas, obcecados y perseguidos, que sólo tienen como recurso, para atenuar los más terribles estados de angustia y opresión humana, una ridícula terminología, producto que corresponde a sus viciados cerebros. No hay psiquiatra, en efecto, que no sea un manifiesto erotómano”.