sábado, enero 17

abres la puerta principal. tiemblas del frío madrugador santiaguino a eso de las cinco de la mañana. es difícil decir hoy, cuando lo piensas como un ayer.
entonces entras por la ventana a tu pieza, la flojera es inmensa como para sacar la llave y darle vueltas a la manilla de tu propia habitación (es que si la dejas abierta; o el dinosaurio se escapa, o los gatos chillan o los murciélagos te maldicen) te sacas la ropa de inmediato, buscas alguna polera vieja desteñida y te metes a la cama.
sientes el vacío completo, el 'enjoy the silence' que david gahan te susurra en recuerdos sin piedad. y comienzas a pensar en las cinco mejores cosas que te han pasado. (pero sólo una es aquel lucero que ansias tanto). no tienes sueño, tienes ganas de algo, pero no sabes qué. (ríete no más). es complicado andar fijandose en ínfimos detalles cuando tu centro de concentración está dedicado a una sola cosa.
-¡oh diablos! -exclamas- siento como las medusas se encaraman sobre mi cuerpo, como tú de mis labios...
y así, te estremeces. la cama ya no es un lecho para dormir. es tu regazo para llorar, y ahora, para sufrir por tan dolorosa pérdida.
ahora todo es infalible. ahora es todo tan... tan... superfluo.
es que quiero que los dioses del olimpo nos vean, y que de celos ardan.
es que quieres que los anillos de saturno y la locura de venus nos toquen.
y tu respiración se acelera. tus movimientos son bruscos, pero nunca pierden la sutileza.
una sinfonía de sudor y ternura.
y despiertas.
no puedes respirar bien. era todo tan real, tan intenso.

la cosa es que al final la mina le cortan de a uno por uno los dedos estos tipos del gobierno facista italiano, y el bestia le dice que la ama cuando ésta en el ataúd. y como en esas películas mudas fantásticas, le recita un poema de esa mina, ¿cómo es que se llamaba? ahhhh, sí, sí, la carmen villoro. pero igual ella por telekinesis le pide que dibuje algo sobre su cuerpo frío. algún boceto infinito de dalí. pero el no hace nada. hay mucha gente observando.
despues llegan los ovnis, comen papas fritas y matan a todos los maricones que estan ahi en el funeral. los extraterrestes asquerosos, envueltos en un ungüento como el mentolato le señalan el cuerpo ahora desnudo como por arte de magia de la mina.
entonces el tipo viene y comienza a dibujar. su pulso no es el mejor. primera vez que toca cada centímetro de su cuello, de sus pechos, de su ombligo, de sus piernas, a aquella amada ciega que más de alguna vez la lleno a beso y no la dejaba respirar.
los ovnis ven lo que hizo, se sienten demasiado emocionados. y no me vas a creer lo que sucede... es que no me vas a creer.
es que estos extraterrestres si que tienen cojones.
la reviven che, ¡la reviven!. que jesucristo superstar hueón.
ella lo es todo, y el también. pero ya no vivían en aquella ciudad.
los llevaron al planeta de aquellos extraterrestres verdosos.
(se escuchan los fusiles. todos en la sala caen. todos han muerto)
y así, pasaron los milenios, se besaban todos los días.
hacían el amor todos los días en las mañanas. era como su desayuno.
y durante el día, mientras él trabajaba, ella lo recordaba.
untaba un poco de miel en sus labios, y cerraba los ojos.
lo recordaba. recordaba como la llenaba de besos, de caricias, de abrazos eternos.
despues volvieron los extraterrestes, y los invitaron a comer papas fritas.
y vivieron juntos (no sé si felices) forever and ever.



el fin.