no sé... sentada en la boca del lobo, entre los dientes más específicos y asquerosos, ahi sentada estoy. te veo irte, a trabajar, y me baja una pena que no sé cómo explicar. es un dolor al succionar cada centímetro cúbico de una realidad irreparablemente sollozante. por los micrófonos escuchamos las canciones de los móviles a todo volumen. levantarse, despertarse, no lograr; son señales de un camino ya caminado, pero no en sueños, hoy es de verdad.
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no sé... sentada en la boca del lobo, bajo las salivas estresantes, bajo la misma tensión que agarra a mi espalda y le echa a pelear, espera acuclillada sobre los montes azules para poder expulsarlo todo ¡por las vías lagrimales más incomprensibles del planeta! y olvidar, de a poco, lo que no queremos recordar, o lo que simplemente nos derrota. porque asqueados estaban mis señuelos, esperando el presagio del triunfo que a viva voz celebraron con los hocicos llenos de bebidas y comidas típicas, rebosantes de fortunas y humos de tabacos rebobinadores, aplacada la historia de los vencidos, la misma línea de caminar de una sala hacia otra... morir, pero no tanto, porque desperté de la curiosidad y desperté también a las cinco de la mañana a luchar.
no sé... te veo ir, a veces nisiquiera te beso la frente, porque ya te la he visto mucho, pero te vas y no puedo no extrañarte. eres tan parte de mi, como yo de tí y él de nosotros.
no sé... es una cosa de tarados... pero te amaré hasta el final... y me reiré, sólo para verte suspirar otra vez.
lo sé... así son las cosas hoy.