jueves, abril 16

y en el puerto añejo, sediento de ceniza y mar, el barco se detuvo. espléndido espectáculo, el mejor observatorio del catástrofico carnaval desde la proa del castillo envenenado, cuna de aquel marinero detallista. primero, se alcanzaban a ver las llamas, las antorchas, en medio de esa noche sombría y embetunada de la neblina-presagio. levantada en medio del pueblo, aquel muelle la adoraba con explosiones y marejadas. explotando contra el puente, contra el barco, atentando contra los perros hambrientos y los buitres enrojecidos.
era el sacrificio local, era de temporada, había que matarla; y en el trono, el rey gritando a todo pulmón su azar.
con los ojos desorbitados bebían, bailaban y hasta entonaban los fraseos de himnos hipnóticos (algo dificil de explicar). los niños desde sus ventanales lograban admirar de reojo aquella danza, aquel ritual. algunas mujeres lloraban, pero de risa. y entre canto y canto, se alzaban las llamas contra ella, la llamada bruja catalana.
era una especie de crucifixión, nunca lo entendimos bien. pero lo que más nos impacto, fue aquel silencio que inundó esa noche. aquel silencio que pidió el rey, levantandose y riendo junto a extraños sonidos generados por aquellas cuerdas vocales de otro mundo del coro penoso, sus ojos tornaron blancos y alzando la voz exclamó: ¡aqui yace la maldita! , ¡aqui yace el blanco de todas sus punterías! ¡he aquí, mis queridos hermanos la sucia que nos ha traicionado, toda nuestra fe se ha ido a los infiernos, con este abismo en forma de humano! ¿dónde quedaron nuestras creencias? ¿dios nos la ha mandado? ¿o quizás el mismo diablo la ha encomendado? ¡al fuego, a la llama blanca, te entregamos este cuerpo insensato, la maldita, la hechicera, la bruja de los mil amos!.
mientras el coro sin cesar entonaban terribles melodías el rey iba recitando sin dudar mientras con tiza dibujaba serios signos en el piso de madera de aquel organizado acto: ...hoy triturada su carne, disecado su rostro, y guardado sus ojos traidores, procederemos a quemarla, a asarla, a comerla... procuraremos dejarla viva mientras se pueda para que aquel dolor la carcoma hasta el fin de su día... hoy, la noche es larga, eterna, viva e insana... la traidora pagará con sangre y lágrimas, esta irrespetuosa obra digna de estigmas de espadas... ¡que arda!
gritos por doquier, éxtasis, frenesí: era el ritual desubriendose en todo su esplendor, que a pesar de haber durado sólo una noche, mientras se vivía, parecían ser semanas pero bajo la luz de una luna encandilada que nunca desaparecía aunque la neblina tratase de taparla. pero antes de amanecer, aparecío aquella... la cabellera, intacta, pelo por pelo, regada en el suelo de aquella, fruto de ellos caníbales hijos de dios extasiados en su obra pagana.