domingo, febrero 21
Bueno la historia comienza así, son los violines los que dan el tempo primo mas esos trombones amaestrados, pero siempre el primer pie deshilachado, dedo por dedo, es el que primero entra.
Mi obras han sido erróneas, casi siempre, pero la música casi siempre ha sido acertada, la escenografía inexistente da paso al ojo vislumbrante del espectador anonadado al verme desnuda, odalisca renegada bañada en espanto. Es que a baja economía, a crisis de actores no podría dejar que Javier actuara, odio su maldito sonsonete, su mal modular, preferiría a Biga que lo hiciera, ella, altísima, de fina costura como si de figura Vogue se tratara le da el tono picante, es un chile de color azul, me encanta.Pero era más que nada por eso, por la mala calidad de los actores. Yo actué una sola vez, y mis palabras fueron cortas y precisas, baile para el ojo de la cerradura, y nada más, fin, kaput, muerte a los dolidos. Eso sí desearía traer a la pelirroja, la amiga de la amiga, ella tenía algo, además de su belleza. Muchos confunden la belleza con el talento, la belleza es un enemigo derrotable, siempre y cuando haya ojo crítico, y siempre no sea un objeto surrealizante. No necesitamos de eso, amigos, no necesitamos de lo surrealizante. Necesitamos de lo surreal.
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