miércoles, mayo 25

que se queme con fuego azul, de pena, pero también de rabia. las montañas son altas y los riscos lejanos... entonces qué. irse volando un rato, es como eso más que todo; y que nada, nada.
los viajes son internos, externos, son como de paraguas. y en esos pueblos pequeños, donde uno cree que ningún animal se arrastra, se divisan las ventanas.
que se subordine al gusto de la muralla, le dice la mujer, entonces la golondrina se posa y el tiempo pasa.

baja un rato, a bailar, y le pregunta:
-los paracaidistas ya no llegan acá -canturreando le dice la golondra
-ya no llegan porque tienen miedo, y ese es el cáncer
-...
-...
-entonces qué
-entonces nada, nos quedamos aquí a morir, como sirenas cantando a la llegada de Ulises, pobre fiasco ese hombre
-el último, tuvo historia, supongo, ¿no?
-claro que si, inexorablemente la tubo
-¿y?
-le dijo, o nos salvamos juntos o nos hundimos separados
-ay, qué tonta, ¡qué tonta!.
-si, era la paloma
-y el era Andrés, lo conocí en las plazas
-qué raro... el sólo era de olimpo
-como yo, de las aguas claras
-ah... sí. -se chupa los labios
-como sea, la muralla es alta
-recogiendo un ladrillo voltea la cabeza por última vez hacia el ave - claro que si.