No sé si llamar felicidad la sonrisa, la carcajada, la música de fondo que colocan en las calles de la madre Lationamérica ferviente de felicidad y llantos ocultos.
Mis zapatos bajos ban chocando contra el suelo como si de un soldado afeminado se tratara, pero peor aún es cuando sale ese viento horrendo y a lo más Marilyn Monroe tu vestido se sube completamente. No hay duda, hay novecientos ojos observando tu bochornoso capítulo, pero aún así, la música continúa.
Entonces tu igual prosigues, inconscientemente te mueves lentamente al son del ritmo de esa agradable melodía que te da una sabrosa sensación de baile exótico, de una boa encima tuyo, pero no hay tiempo de pensamientos. Hace un calor de los mil demonios y tu no estás para eso, sólo sigues la corriente de la masa que te lleva por un caudal de sentidos contrarios de color piel. "No luches contra la corriente" eso funciona para los ríos rabiosos y los gentíos en plena calle. Como sardinas buscando comida, estás buscando una sombra que te ayude aunque sea un poco.
Es que el soul con vocesita femenina, te mata. Y los 40 tropicales grados de temperatura, también.
Sigue sigue, que pronto llegarás al puente donde nadie pasa, ¿será porque da a un camino de tierra del que todos temen manchar sus zapatos de gamuz?
Continúas, y con la brisa divina te desenvuelves muy bien.
Los pensamientos son inminentes "¿Alguien se habrá tirado desde este puente? ¿Cuántas personas estarán teniendo un orgasmo en este mismo instante? ¿Y cuantas lo estan fingiendo? ¿Que hay después del universo? ¿Por qué la comida asiatica es tan atrayente? ¿Habrá alguien pensando en este mismo instante las mismas sandeces que yo?"
Y luego, se escucha otra melodía, mucho más romantica, pero no deja de ser alegre, no, no, no.
Marchas a casa por el camino largo, pero más fresco.