brillan, exultan la belleza de las multitudes, y no me veo reflejada en ellos.
luceros que hablan, saben cantar, saben baila y son pequeños homenajes vivos a la grandeza -falsificada-
mi rizado, honesto, leal, no exiges fidelidad astral
que tu galaxia es la más poblada, la más hermosa, la más fértil, pero yo no me veo reflejada en ella.
entonces paso las horas cepillando mis cabellos, que arden en llamas cuando te ven por la ventana irte, acompañado por una estrella con cola.
enerva que te observe, pero no preocupes tu mente ya, no veo me veo reflejada en cometas insípidos, como tal.
adornados en pinturreadas, en joyas y en el dinero del yugo... menean, menean -como si yo no existiera-
y no espero, arremeto, con todo -igual que un toro-
es que cuándo lograré entender que mi centelleo se puede reverbar sólo en el mar, en el dulce océano de mi ojo que sonríe, que va con la ausencia del parpado que baila en los fogones mojados, como ojo marítimo bajo mi edificio.... asi, tal cual, destellando, explotando rojo.
te espero a cada minuto, y me llegas por mi puerta, y me ves peinando la comprensión, enamorada, observando la mentira de mi reflejo, que jamás logrará ser tal cual como yo -imaginate, ni él-
aunque sólo es él el que puede imprimirme... y nadie y nada más... porque no me veo reflejada en ningún sitio corriente y vociferador...
sólo en los mutis de este desierto..... como papel calco, tratando de hacer lo mejor....
el rojo enfermo, me indispone, me infecta, lento y dolorosamente... es muy fuerte a veces para mi débil cuerpo... pero de él me alimento, en forma de morrón, de tomate, de manzana furiosa, de guinda rabiosa.
caen por mis oídos, se cuelga de mi cuello, abraza mis labios y salta hacia tu cuerpo... plácido, yace...
y tu por detrás, abrazandome... terso, guantanamera, sólo tuya.
tus regalos...
míos, tuyos...
siempre recordandome el encarnado, bermejo, colorado, corinto, rojo escarlata atardecer que nos vio parir un mundo...
en el que me veo reflejada.