viernes, enero 9

s.tyyyyyyyyy: r.c - p.c (j.a'm) [3er]

estamos todos todos todos felices
estamos, rugimos
deseamos aquel silencio que anuncia el ruido de la calma que antecede al huracán
que aunque posemos nuestros puños cerrados contra las orejas
igual se siente el ruido de la palpitación de mi corazón imperante, sonriente de tu merced
(mucho más acelerada por cierto)
(que de costumbre)
(...)

y es asi como espero, espero.
espero las caricias sobre mis friolentos pies, un beso como una araña escurridiza y luego: ¡la risa!
¡ay la risa! ¡falsa! ¡la primera audacia permitida! ¡la risa fingía castigar!

preferimos morir. preferimos sanar. preferimos leernos las suertes entre gitanos y regocijarnos en el placer de pensar en el lejano trago amargo de la verdad, que por dura que sea, sabremos llevar y que con un beso seco sobre los labios mojados, dejaremos actuar.
controlad mi carencia de lucidez, pequeño zafado de la cabeza.
controlad tu mente, pues sólo te queda pensarme.
y te coreo con todas las vivas voces: "pensádme, zafado de la cabeza, pensádme. pues que yo soy intocable!"
como la epopeya, que es digna de un himno filarmónico
esta es nuestra "epopeya de la ilusión",
y que por más utópica que la llamen
seremos aterrizados realistas.




Nota:
estos dos días recien dormidos, y con este tercero adormecido ya. siento la eternidad caer sobre mis pies descalzos al calor del abismo que en algunos meses se desecadenará.
pues ven a mí, zafado, ven a mí. que mis pies friolentos, piden a cantos horrendos tus manos heladas, tu voz transparente, tu mente zafada.