martes, julio 5

después de encender la luz, no podemos esperar.
la velocidad nos hacen creer que marchitamos
pero bajo el agua, el reflejo
y por sobre ella, la miseria.
sólo quedan dedos, enchufados a lo sincero
encontrando lo que el espejo miente
y de vez en cuando, recuerda
cuando la luz ya no alumbra, ni espera.

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