sábado, agosto 7

no sé... sentada en la boca del lobo, entre los dientes más específicos y asquerosos, ahi sentada estoy. te veo irte, a trabajar, y me baja una pena que no sé cómo explicar. es un dolor al succionar cada centímetro cúbico de una realidad irreparablemente sollozante. por los micrófonos escuchamos las canciones de los móviles a todo volumen. levantarse, despertarse, no lograr; son señales de un camino ya caminado, pero no en sueños, hoy es de verdad.
no sé... sentada en la boca del lobo, bajo las salivas estresantes, bajo la misma tensión que agarra a mi espalda y le echa a pelear, espera acuclillada sobre los montes azules para poder expulsarlo todo ¡por las vías lagrimales más incomprensibles del planeta! y olvidar, de a poco, lo que no queremos recordar, o lo que simplemente nos derrota. porque asqueados estaban mis señuelos, esperando el presagio del triunfo que a viva voz celebraron con los hocicos llenos de bebidas y comidas típicas, rebosantes de fortunas y humos de tabacos rebobinadores, aplacada la historia de los vencidos, la misma línea de caminar de una sala hacia otra... morir, pero no tanto, porque desperté de la curiosidad y desperté también a las cinco de la mañana a luchar.
no sé... te veo ir, a veces nisiquiera te beso la frente, porque ya te la he visto mucho, pero te vas y no puedo no extrañarte. eres tan parte de mi, como yo de tí y él de nosotros.
no sé... es una cosa de tarados... pero te amaré hasta el final... y me reiré, sólo para verte suspirar otra vez.
lo sé... así son las cosas hoy.

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