martes, julio 20
“El director del circo mandó a un payaso, que ya estaba preparado para actuar, a pedir auxilio ya que peligraba la aldea contigua (…) Pero los vecinos creyeron que se trataba de un magnífico truco para que asistiesen los más posibles a la función. Aplaudían y hasta lloraban de risa, pero al payaso le daban más ganas de llorar y en vano trató de persuadirlos y explicarles que no se trataba de un truco ni de una broma (…) Cuánto más suplicaba, más se reía la gente, pues los aldeanos creían que estaba haciendo su papel de maravilla. Hasta que por fin las llamas alcanzaron la aldea, y claro, la ayuda llegó demasiado tarde, y tanto el circo como el poblado fueron pasto de las llamas”.
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